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EL SOL Y EL CUIDADO DE LA PIEL

La importancia de la piel.

Cuando se habla de los órganos del cuerpo humano casi siempre pensamos en corazón, cerebro, pulmones… pero en el que nunca reparamos es en el mayor de todos, la piel.

Nuestra piel es el órgano más grande de todos los que forman nuestro cuerpo, está constituida por varias capas y su principal función es la protección. Nos protege contra patógenos, nos avisa si nos encontramos expuestos ante un peligro ambiental, como el calor o el frío o si recibimos un golpe mayor de lo habitual.

El cuidado de la piel es necesario y en muchas ocasiones se descuida, sometiendo este órgano a un estrés innecesario, que puede llegar a ser peligroso.

El Sol es bueno y necesario, no solo para la salud de nuestra piel sino también para nuestro estado anímico, aportándonos una dosis necesaria de vitamina D. La vitamina D es fundamental para la mineralización de los huesos y dientes, además de ayudar a prevenir y controlar el acné.

A menudo, en verano, reparamos más en el cuidado de este órgano, pero también la sometemos a un estrés mucho mayor al exponerla a la radiación solar con el fin de ponernos morenos. La sobreexposición es un daño que puede llegar a ser muy peligroso si se repite una y otra vez. Al daño solar causado en la piel se le conoce como fotoenvejecimiento, pudiendo dar lugar a la aparición prematura de arrugas finas y gruesas, pigmentación irregular, manchas en forma de pecas o manchas más claras sobre la piel… siendo el peor de los resultados posibles un melanoma o cáncer de piel.

Formas de proteger la piel

La protección de la piel debe ser diaria, con productos adecuados para nuestro tipo de piel y la zona. No es lo mismo proteger la piel de la cara que la del cuerpo, por lo tanto, no debemos utilizar los mismos productos. Además, es importante saber nuestro tipo de piel (fototipo, textura y composición), de ahí la importancia de realizarse un estudio de piel o dermoanalisis para elegir la protección más adecuada. Cada persona es un mundo y no podemos dejarnos llevar por lo que les haya ido bien a otros, consulta con tu dermatólogo/a o farmacéutico/a de confianza qué productos son los más adecuados para tu caso y las necesidades de tu piel.

Tu piel es única, así que dale el cuidado que se merece. Con el fin de evitar los posibles peligros derivados de esta exposición debemos protegernos, para ello contamos con varias opciones:

Las archiconocidas cremas con protección solar, que actúan formando una película con dos tipos de moléculas protectoras, químicas y físicas, cuya función es la de reflejar y absorber, respectivamente, los fotones UV de la radiación solar. El SPF es el índice numérico que nos indica el tiempo, en minutos, que estaremos completamente protegidos desde la aplicación. En el caso de las cremas SPF 50, se aconseja reaplicar cada 2 horas o después de haberse bañado.

Llevar protección solar no es opuesto a aumentar el tono de nuestra piel, entre las muchas opciones a nuestro alcance podemos buscar bronceadores que estimule la producción de melanina y que potencie el bronceado. Por otro lado, sin nuestro objetivo es conservar una piel joven y luminosa podemos buscar cremas con vitamina C, un potente antioxidante que nos ayuda a combatir los radicales libres del sol y el envejecimiento prematuro.

Otra de las opciones, mucho menos conocida pero también muy eficaz a la hora de realizar la función de protección de nuestra piel, es la protección solar oral. Se trata de un tipo de protección en formato de cápsulas, que tomamos una o varias veces al día, y que nos protegen de las quemaduras solares y del posible daño celular que la exposición al Sol pueda causar. Esta opción también se encuentra disponible para los más pequeños y se complementa con las cremas con protección solar, no nos podemos olvidar de los pequeños de la casa ya que su piel es más delicada y el efecto a largo plazo más dañino que en los mayores.

Resulta más difícil reaplicar la protección si se lleva maquillaje, en este caso se puede buscar protección en polvos de sol, que además de proteger, evitan los brillos y dan un tono algo más bronceado.

Para protegerse del sol también es importante la nutrición y hábitos de vida. Es beneficioso reducir la producción de radicales libres. ¿Cómo conseguirlo? comiendo fruta y verdura fresca, rica en antioxidantes, bebiendo un mínimo de dos litros de agua al día, ejercicio regular y un correcto descanso., no solo nos proporcionará una piel bonita y luminosa, sino sensación de bienestar y energía. 

una piel protegida, tu mejor versión

Finalmente, si queremos obtener la mejor versión de nosotros mismos y de nuestra piel, es necesario tenerla protegida del sol para evitar su fotoenvejecimiento.

Por otro lado, la exposición a la radiación no se da únicamente en verano, aunque sea la época del año en la que somos más vulnerables a la misma. Al realizar actividades al aire libre en horas centrales del día, durante tiempo prolongado (3 o más horas) o en sitios con alta radiación como el mar, la montaña o la nieve debe utilizarse protección, aunque no sea verano.

El estado de tu piel habla de ti. Protege tu piel para que luzca más bonita y luminosa, esto además mejorará tu sensación de bienestar. ¡Protege tu piel para dar la mejor versión de ti!


1 comentario en «EL SOL Y EL CUIDADO DE LA PIEL»

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